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Mi primera infancia en los verdes campos de Boyacá
Mis padres Álvaro y Esther, me relatan amorosamente el día de mi nacimiento y me dicen que nací en la casa que mi Padre construyó para formar su hogar. Mis padres me dicen que: cuando tenía 4 meses de haber nacido, comenzaron a sospechar que yo no veía por el ojo izquierdo y que el médico pediatra no les creyó y que al parecer por esa razón la pérdida del ojo izquierdo fue progresivo.
Cuando cumplí los 4 años mis padres confirman la sospecha y el médico pediatra sostiene que al parecer una fiebre alta ocasionó la pérdida del ojo izquierdo. La angustia de mis padres no se hizo esperar y mi padre toma la decisión de trasladarse a Bogotá para consultarle al Dr. Barraquer en su clínica, el prestigioso oftalmólogo en su diagnóstico dice que: no hay nada que hacer porque el ojo ya presenta ausencia total de sensibilidad a la luz y que además está atrofiado. Mi padre regresa conmigo al campo y muy preocupado, yo era su primer hijo y en ese momento la situación era muy compleja, casi que era imposible concebir o aceptar la pérdida de la visión, la familia y la sociedad consideraban que era una tragedia perder la vista o cualquier sentido.
Mis primeros años de vida transcurrieron en el campo, tengo vivo el recuerdo del esplendor de la naturaleza y el olor de los grandes cultivos y la imagen de sus imponentes colores y tal vez por aquellas cosas que no se entienden en el momento me internaba por largas horas en los espesos cultivos observando los nidos que formaban las distintas especies de pájaros y toda esa maravilla la observaba con la visión del ojo derecho. Por esa razón tengo la imagen muy clara de los colores: como el azul del firmamento y el verde vivo de las plantas en sus distintas especies.
Estos recuerdos son inolvidables y hoy aún alimentan mi alma, la imagen de esos lindos recuerdos los tengo aproximadamente desde cuando tenía 2 años y una de las razones que me permitió disfrutar y vivir la naturaleza fue la libertad que me dieron mis padres. Ellos nunca me prohibieron recorrer o explorar la naturaleza y gracias a ellos puedo decir hoy que mis mejores años de vida los viví desde el momento de mi nacimiento hasta aproximadamente los 7 u 8 años de edad, porque en esta edad disfruté y viví intensamente la naturaleza.
En mis largos recorridos me acompañaban mis perros: uno de ellos se llamaba Tarzán, era muy grande de color amarillo brillante y pintas blancas, sus orejas eran muy largas, anchas y me encantaba verlo correr ya que por el tamaño de sus orejas se veía con mucha imponencia y bravura. Recuerdo a mis otros perros que se llamaban: Canario, Violín y Nique. Mis perros y yo fuimos amigos inseparables y a mi corta edad que tenía estoy seguro que ellos disfrutaron la naturaleza tanto como yo que estaba comenzando a vivir.
Mi primera escuela en el campo
Ingresé a la Escuela de la vereda, cuando contaba aproximadamente con 6 años de edad, el camino a mi escuela era muy lindo, todos los días mis hermanas y yo salíamos de mi casa solos y me emocionaba ver los distintos caminos de mi vereda y uno de los lugares que no olvido es la quebrada, una quebrada es como un río pequeño. Cuando llovía mucho en mi vereda corría mucha agua y el camino a mi escuela iba en la misma dirección, recuerdo que me encantaba hacer barquitos en papel y los lanzaba a la quebrada y disfrutaba mucho viendo el barco de papel, flotar en la superficie del agua y verlo avanzar a lo largo de mi camino en aquellas aguas cristalinas y es en este lugar fascinante en donde quedaba mi escuela y allí comencé a aprender las primeras letras. Me encantaba mi escuela pues conocí muchos niños del lugar, con los que me relacioné y aprendí a jugar fútbol.
Mis primeras clases con mi maestra comenzaron mal debido a que tenía que acercarme al tablero y mi profesora por esta razón me imponía castigos. Ella consideraba que yo era un niño indisciplinado, no sé, si ella alcanzó a sospechar que yo no alcanzaba a mirar con claridad el tablero. Lamentablemente abandoné la Escuela y le perdí el Amor al estudio.
Con el paso de los años mis padres deciden trasladarse a la Ciudad de Sogamoso, porque ellos consideraban que allí estaban los mejores Colegios. Es así, como ingreso a uno de los colegios de la Ciudad con mis hermanos. Mi nueva maestra Martha Camargo, con su alegría y Amor por la educación me seduce leyéndonos hermosos cuentos infantiles y es de esta forma que comienzo a aprender a leer.
En una tarde de descanso en la que compartía con mis compañeros de clase. Sorpresivamente uno de mis compañeros de curso me miró y yo sin entender lo que estaba pasando miré que mi compañero se puso en una postura de defensa al estilo de las personas que practican el karate y para mi sorpresa me atacó de una forma violenta con un golpe a un lado de mi frente y solo recuerdo que rodé varias veces porque jamás esperé semejante ataque, cuando en el momento en que reaccioné mi mirada era opaca, creí que con el paso de las horas mi mirada volvería a ser nítida pero no fue así.
Confesión en mi relato
Siempre le manifesté a mi familia y a mis amigos que un balonazo había sido la causa de haber perdido la vista, pero hoy después de muchos años confieso que la causa de haber perdido la vista fue la agresión de uno de mis compañeros de quien tengo en mi mente su imagen muy clara y que lejos de haber pensado ese momento cambio totalmente el rumbo de mi vida.
Comienza para mí una época muy incierta, pues todo aquel paisaje al que tanto admiré comenzaba a quedar atrás y solo viviendo en mi recuerdo. Para mis padres en cambio, era el inicio de una larga lucha que tenían que librar con los médicos para recuperar la Luz de mis ojos, que poco a poco iba pasando de la luz a la oscuridad. Finalmente, los médicos, mis padres y yo perdimos la lucha, pues el diagnóstico del oftalmólogo dice que: “Hay desprendimiento total de la retina y no se puede reconstruir…”, la rebeldía y el desencanto por la vida se apoderan de mí…
Por fortuna para mí, mis padres siempre tuvieron claro que yo tenía que regresar al colegio, pero lamentablemente en el lugar no existía un colegio a donde ir y es así como mis padres sin tener conocimientos de educación deciden dialogar con mis hermanos menores con el fin de crear en ellos sensibilidad para que me ayudaran en adelante.
Mi rebeldía creó en mi familia momentos muy difíciles, a tal grado que comencé a agredir a mis hermanos sin existir razón para actuar de esa manera. Tal vez porque cuando fui consciente de mi ceguera comencé a descubrir que también estaba perdiendo mi libertad, pues estaba pasando de una libertad en los verdes campos a un encierro porque ya no podía salir solo y además la mirada de mis amigos y familia cercana era de pesar y por esta razón no permitía que nadie me mirara.
CARLOS HUMBERTO ROMERO NIÑO